Puesto: Enero 28, 2009 | Autor: Michael | Archivado como: Urgencia | 15 Comentarios »
Cuando revisamos nuestra vida, por lo regular la evaluamos en semanas, meses y años, sin embargo, la verdad, deberíamos enfocarnos en los días.
Los Kabbalistas nos enseñan que a una persona se le dan una cantidad exacta de días para vivir. Dentro de cada día hay una chispa de Luz que debemos perfeccionar. La totalidad de todo el trabajo que se hace en un determinado día, desde restringir el enojo hasta compartir, se suma a la perfección de la chispa de Luz de ese día.
En la Biblia, la gente vivió por cientos de años, pero después la esperanza de vida se redujo. Los kabbalistas explican esto con una parábola. Había una vez un rey que poseía una mina de diamantes. Después de extraer los diamantes, él daba miles de ellos a la vez a artesanos locales, cuyo trabajo era limpiar y perfeccionar las piedras a lo largo de varios meses. El único problema era que nunca completaban el trabajo. De hecho, algunos de los diamantes regresaban dañados. Por lo tanto, el Rey cambió el método dando a cada artesano una cantidad menor de diamantes, y menos tiempo para realizar el trabajo.
Lo mismo sucedió con la humanidad. En un principio, el Creador le dio a cada persona millones de chispas de Luz, cada una correspondiendo a cada día de vida dado. Pero aunque la gente vivía cientos de años, con frecuencia no perfeccionaban sus vidas. De hecho, las dañaban. Por lo tanto, el Creador redujo la cantidad de chispas entregadas a cada persona a la vez.
No se nos dan 80, 100 o 120 años de vida. Se nos dan 29, 200 días, 36, 500 días, o 43, 800 días, y dentro de cada uno, debemos perfeccionar una chispa de Luz. La chispa de Luz que pudimos haber perfeccionado ayer, no puede ser perfeccionada hoy. Cada día tiene su trabajo único y propio que se relaciona a aspectos específicos del alma que necesitan purificación y elevación.
Los kabbalistas enseñan que al final de cada día, mientras vamos a dormir, si hemos perfeccionado nuestra chispa, es enviada arriba a nuestro banco espiritual donde permanece para protegernos y darnos Luz y bendiciones. Cuando una persona tiene éxito en este trabajo, el Creador le dará aún más chispas que, por supuesto, significan más días, meses, y años de vida. Naturalmente que lo opuesto, también es verdad.
El entendimiento más importante de todo esto es que no vivimos semanas, meses, y años; vivimos día a día. El trabajo que debemos cumplir hoy, no puede cumplirse mañana.
Esta semana, despierta dentro de tu conciencia, apreciación por el poder y el regalo formidable de cada día. Cuando interiorizas este entendimiento, aún si los días no arrancan como esperabas, no los anularás dejando las cosas para mañana. Te darás cuenta que lo que necesitas cumplir hoy, sólo puedes cumplirlo hoy, y comprende que mientras estés perfeccionando chispas y enviándolas hacia arriba, no sólo estás creando un impresionante banco de Luz que fluye hacia ti, sino que te estás ganando más días y más chispas que perfeccionar.
Puesto: Enero 27, 2009 | Autor: Michael | Archivado como: Corregir el Mundo | 2 Comentarios »
El Zóhar explica que la única manera en que podemos ayudar a otros es tomándonos un poco de su dolor y sus dificultades. Con mucha frecuencia tenemos un verdadero deseo de ayudar a nuestros hijos, amigos, cónyuges y estudiantes, y entonces les enseñamos, o los aconsejamos, o les damos algo, de cierta forma. Sin embargo, para asegurarnos de que nuestra ayuda de hecho marque la diferencia, tenemos que decidir por cuánto dolor estamos dispuestos a atravesar con tal de ayudar a esa persona.
Porque como enseña el Zóhar, no podemos en verdad ayudar a otros a menos que estemos incómodos.
Para aquellos de nosotros que estamos verdaderamente interesados en la perfección y corrección de nuestro mundo, ¿cuándo fue la última vez que nos pusimos en una situación terriblemente incómoda por ayudar a otra persona? ¿Cuándo fue la última vez que tomamos el dolor de otra persona al grado de sentirnos incómodos; al grado de que nos doliera? No es que tengamos que convertirnos en mártires. Pero si de verdad queremos formar parte de la corrección del mundo, entonces debe haber un grado de sacrificio en nuestro compartir.
Si no estamos dispuestos a rompernos un poco para ayudar a otra persona, entonces no podemos ciertamente ayudarla. Ayudar cuando es cómodo, enseñar cuando es fácil, sirve de algo, sí. Pero no puede llevarnos a la corrección última. El único camino, la única manera en que podemos ser parte de esa corrección de nuestro mundo, depende del grado en que estemos dispuestos a sentirnos incómodos, en el grado en que estemos dispuestos a cargar con algo de dolor para asistir a otras personas.
No pienses en todas las cosas grandiosas que puedes hacer para ayudar a otras personas, no pienses en todas las cosas grandiosas que puedes hacer para revelar Luz en este mundo. Esos son pensamientos agradables, pero no son parte formidable de esta corrección global. En lugar de esto, busca momentos en los que puedas ponerte en situaciones incómodas para ayudar a otra persona.
Estos son los momentos que nos llevarán a la corrección final.
Puesto: Enero 21, 2009 | Autor: Michael | Archivado como: Amor y Relaciones | 4 Comentarios »
En un correo anterior mencioné el trabajo de investigación del Dr. Gottman, y su comprensión de las relaciones humanas luego de haber estudiado a miles de parejas casadas por los últimos 35 años. Este es otro extracto de una entrevista que dio a la Harvard Business Review, mismo que encontré muy real y esclarecedor:
“…una prueba que hemos utilizado durante años es ‘la misión de la torre de papel’. Damos a las parejas un montón de materiales, como periódicos, tijeras, cinta adhesiva, cuerda. Les decimos que construyan una torre de papel que se sostenga por si sola, fuerte y bella, y tienen media hora para hacerlo. Entonces observamos la manera en que las parejas trabajan. Son cosas muy simples las que determinan el éxito.
En una ocasión teníamos tres parejas australianas para llevar a cabo la misión. Antes, grabamos a las parejas hablando unos de otros, y de algún conflicto importante en su relación, que estuvieran buscando resolver. Así que teníamos algo de información sobre qué tan relativamente felices o infelices eran. Cuando una pareja que resultó ser feliz empezó a construir su torre, el hombre dijo ‘Y ahora ¿Cómo vamos a hacer esto?’. La mujer respondió ‘Mira … podemos doblar el papel, luego darle vuelta, y podemos hacer estructuras con cada pedazo de papel’. Él dijo ‘¿De verdad? Genial’. Les tomó algo así como diez segundos construir una torre.
La mujer en un matrimonio infeliz empezó diciendo ‘Y ahora ¿Cómo vamos a hacer esto?’. Su marido respondió ‘Espera… ¿puedes callarte mientras trato de encontrar un diseño?’. No tomó mucho tiempo ver que esta pareja tendría algunas dificultades en el camino”.
Puesto: Enero 16, 2009 | Autor: Michael | Archivado como: Nuestro Potencial | 8 Comentarios »
Para aquellos que estamos en un camino espiritual, a pesar del hecho de que hemos estado estudiando y haciendo nuestras conexiones, aún creemos que hay cosas que simplemente no podemos cambiar. Todos tenemos un muro frente a nosotros, una barrera que no nos permite ir más lejos. Sin embargo la verdad es, como Rav Áshlag a menudo decía, que nuestro trabajo espiritual no es ir hasta el límite de nuestras capacidades. Es ir más allá del límite de nuestras capacidades.
Más allá de nuestras capacidades. ¿Cómo logramos eso? ¿Cómo hacemos lo que no podemos hacer y cómo obtenemos lo que no merecemos? Hay un camino. Es a través de lo que los kabbalistas llaman “audacia divina”, esto significa que cuando tenemos un deseo de volvernos más fuertes y un impulso para crear un cambio verdadero en nuestras vidas y en el mundo, podemos despertar esa fuerza, aún cuando no pensemos que existe dentro de nosotros. Cuando es con el propósito de compartir con otros, no sólo tenemos que, sino que es nuestro deber empujar las barrera de nuestras capacidades.
Hay una historia hermosa en la literatura kabbalística que aporta algo a esta idea.
En los tiempos en que existía el Templo en Jerusalén, gente de todo el mundo viajaba ahí tres veces al año para poder hacer su conexión espiritual. En una de estas ocasiones había escasez de agua y la cantidad de visitantes generó tremenda presión en torno a las reservas de agua.
Para evitar una crisis de salud, un hombre llamado Nakdimón se acercó a uno de los terratenientes más ricos de la ciudad y le pidió prestada el agua de doce de sus pozos, prometiendo pagarle más adelante con exactamente la misma cantidad de agua que le había pedido, o bien con 12 barras de plata. El terrateniente aceptó y la crisis se evitó.
Pasaron los meses, y cuando llegó el momento de pagar, Nakdimón no podía devolver el agua pues no había caído una gota de lluvia en meses. Esa mañana llegó un mensajero a su puerta, exigiendo ya fuera el agua o la plata. Él respondió “Tengo todo el día para pagarte, si para el anochecer no ha llovido, te pagaré con la plata”.
Por la tarde un mensajero llegó de nuevo a su puerta con el mismo mensaje, y Nakdimón respondió lo mismo. Cuando el Sol estaba a punto de ponerse, el mensajero regresó una vez más y se le dijo lo mismo, el día no ha terminado.
Al enterarse de esta última respuesta, el terrateniente se rió porque sabía que era imposible que esa cantidad de lluvia cayera en un periodo tan corto de tiempo. Era tal su sensación de regocijo que se fue a los baños locales para refrescarse antes de encontrarse con Nakdimón para recoger su dinero.
Mientras tanto Nakdimón se sentía triste, y fue al Templo en donde comenzó a rezar. Su rezo duró poco. “Yo no pedí prestada el agua de esos doce pozos para mí” le dijo al Creador, “lo hice sólo con el propósito de compartir” Esa fue toda su oración.
Inmediatamente después el cielo se llenó de nubes y comenzó a caer lluvia. Llovió tanto en esos pocos minutos que no sólo se llenaron los pozos, sino que hubo un exceso de agua. Cuando salió del Templo se encontró con el terrateniente y le dijo. “¡Ahora me debes dinero! Por el exceso de lluvia acabé pagándote de más”.
El terrateniente respondió “Sé que la razón por la que llovió tanto es que el Creador quería hacerte este milagro. Pero la verdad, si quisiera discutir contigo, podría hacerlo, porque si miras el cielo verás que está oscuro. Quizá ya es de noche, y esta lluvia es en realidad la del día siguiente, después de caer la noche, y por lo tanto, no es tu agua, es mi agua”.
Al escuchar esto, Nakdimón se dio la vuelta y regresó al Templo y rezó otra oración corta para el Creador. “Amo del Universo, deja que sepan que hay gente en este mundo que es cercana a Ti”. Esa fue toda su oración.
Inmediatamente las nubes se dispersaron y salió el sol.
Lo que es poderoso acerca de esta historia es que en ambas oraciones Nakdimón no rogó ni imploró al Creador. Simplemente declaró lo que necesitaba que pasara. Él no se ganó estos milagros, ni tampoco era un gran estudioso o un gigante espiritual. Y sin embargo, porque su único propósito tenía la intención de compartir con otros, se lanzó con toda audacia y pidió, en pocas palabras, lo que necesitaba que sucediera.
Y sucedió. Claro, no todo el mundo está al nivel en que pueden pedir que los cielos se abran. No obstante, el propósito de esta historia es enseñar la importancia de vivir esta consciencia asertiva siempre que nuestro único objetivo sea el bien de los demás. Se supone que debemos aspirar a alcanzar ese lugar donde, como nuestras vidas están dedicadas a elevar a otros, podamos utilizar esta herramienta de audacia divina.
¡Esta semana vive con audacia! Recuerda que puedes pedir más de lo que te has ganado o te mereces. Pero es más que pedirlo, es vivir en esa conciencia. Si vas a hacer algo que implica ayudar a otros, no esperes que salga bien. Insiste en que así sea. Ve más allá de tus límites personales y de lo que crees que puedes hacer y mereces. Porque mientras te enfoques en obtener estas habilidades con el propósito de compartir, puedes pedirlo todo.
Puesto: Enero 9, 2009 | Autor: Michael | Archivado como: Arte | 2 Comentarios »
Para cualquiera que es padre este video [video sin palabras, artículo inglés] de Jeff Sher despertará toda clase de memorias y emociones.
Puedo identificarme por completo con este sentimiento cuando dice:
“Algo que continúa sorprendiéndome acerca de ser padre, es como simultáneamente se expande y condensa el tiempo. Los días parecen largos pero los meses vuelan. Los niños parecen crecer en rachas. Un día notas que no es el mismo chico que hace dos semanas, es alguien más maduro y nuevo, pero todavía quiere que lo ayudes a sacar su barra de queso del paquete.
Cuesta creer que no se acordarán de nada de esto en su prisa por crecer, pero sé que así ocurrirá. Esta película es una colección de vistazos fugaces y pequeños momentos que de otra manera se esfumarían para siempre”.
Disfruta.