Puesto: Junio 18, 2009 | Autor: Michael | Archivado como: Claridad | 7 Comentarios »
Todos buscamos claridad en nuestras vidas. Queremos saber lo que se supone que debemos estar haciendo, tanto en pequeña como en gran escala. Este nivel de conocimiento es alcanzable, siempre que cumplamos un prerequisito importante: disposición para hacer lo que es incómodo. Muchas veces decimos que queremos saber cual es nuestro siguiente paso, pero a menudo esperamos que ese paso sea relativamente fácil. Esto es por lo que con frecuencia no tenemos claridad. La Luz del Creador sólo nos da aquello que deseamos de verdad. Podemos decir día y noche que queremos claridad, pero antes de que podamos pedir eso, debemos preguntarnos “Si alcanzar mi propósito requiere salir de mi zona de confort, ¿estoy dispuesto a hacerlo?”
Como aprendemos en Kabbalah, la vida es causa y efecto. En este caso, hay un vínculo marcado entre la disposición de hacer lo que es incómodo y la habilidad de recibir claridad.
El sistema está programado de manera que se nos mostrará sólo lo que estamos deseando llevar a cabo y dispuestos a hacer.
¿Qué es primero en nuestro marco mental, la comodidad o el propósito? El lugar en el que se encuentre nuestra mente determinará si obtenemos o no claridad.
Uno de los ejemplos más formidables de esto es la historia de los israelitas en el desierto. La Biblia dice que el Creador designó a una nube para que la siguieran. Cada vez que se detenía, la gente se detenía. Cuando se movía, se movían. Algunas veces se detenía por meses; en otras se movía después de un día.
¿No es grandioso que tuvieran esta indicación física de hacia dónde necesitaban ir y lo que necesitaban hacer? Sí, pero los kabbalistas explican que la única razón por la que merecían esto fue porque estaban emocionados y deseaban ir a donde fuera que necesitaran ir, fuera cómodo o no.
Obviamente, si pasaron horas desempacando sólo para tener que empacar de nuevo al día siguiente, eso era incómodo. Pero ellos querían esa dirección. Lo primero en sus mentes era alcanzar el propósito de sus vidas, y sabían sin lugar a dudas que la nube los estaba llevando en esa dirección. Su deseo fue lo que le permitió al Creador seguirlos guiando.
Nosotros también podemos merecer este tipo de claridad, siempre y cuando deseemos el propósito por encima de la comodidad. Pero mientras elijamos la segunda, permaneceremos en la oscuridad.
Esta semana enfócate en tus prioridades. ¿Deseas que se te muestre tu propósito, sin importar si es o no, algo fácil de hacer para ti? Cuando ese es en verdad tu marco mental, obtendrás claridad a lo largo de tu vida. Desea el propósito por encima de la comodidad.
Con frecuencia me gusta ver las cosas como ecuaciones, y para aclarar este punto, aquí hay una, en la que pienso a menudo:
PROPÓSITO > COMODIDAD = CLARIDAD
Puesto: Junio 4, 2009 | Autor: Michael | Archivado como: Rezos | 3 Comentarios »
Cuando tenemos una carencia o necesidad y nos enfocamos en amigos que tienen esa misma privación y rezamos por ellos, recibiremos respuesta y seremos satisfechos primero.
Puesto: Junio 4, 2009 | Autor: Michael | Archivado como: Poder Personal | No hay comentarios »
Cada noche, cuando duermo a mi hija Miriam, me pide que le cuente una historia. Hace algunas noches le conté ésta. La he leído muchas veces antes, sin embargo, me impactó como nunca. La historia es acerca del Baal Shem Tov, un alma grandiosa y una persona justa, a quien se le habló por inspiración divina acerca de un individuo cuyo trabajo espiritual era más grande que el suyo. Su nombre era Moisés el pastor.
El gran maestro estaba deseoso de conocer a esta persona, así que juntó a algunos de sus estudiantes, subió a un carruaje rumbo al pueblo, no muy lejos de ahí. Al llegar, vieron a Moisés al aire libre, rodeado de su rebaño. Mientras que sus animales pastaban, él levantó la vista al cielo y le gritó a Dios, “Me has dado tantas bendiciones en la vida. Te amo tanto. Desearía que hubiera alguna manera de corresponderte”.
Moisés se arrodilló. “Tú sabes que soy un hombre sencillo. No sé leer ni escribir. No sé rezar. No puedo estudiar. No puedo enseñar”, alegaba, “pero tengo un silbato de pastor ¡y sé cómo hacerlo sonar! Espero que puedas aceptar esta acción”. Se levantó y comenzó a soplar su silbato con todas sus fuerzas. Después de 45 minutos, Moisés se dejó caer, exhausto. Se quedó recostado ahí por largo rato, y una vez que hubo recuperado sus fuerzas se dirigió al cielo y dijo: “Deseo servirte. Sabes que soy una persona simple, no hay mucho que sepa hacer. ¡Pero sé bailar! Espero que puedas aceptar esto”.
Y entonces Moisés empezó a bailar con todos sus bríos, por 30 minutos hasta que literalmente se colapsó. Una vez más, se quedó tirado por un rato recobrando su energía. Finalmente, volvió a levantarse y gritó: “Quiero darte algo, pero no tengo nada. ¡Pero sí tengo un centavo en mi bolsa! Por favor acepta esto de mi parte”. Arrojó la moneda al cielo con todas sus fuerzas, y de la nada, salió una mano celestial para atraparla.
El Baal Shem Tov se dirigió a sus estudiantes con una sonrisa. “Toda la vida pensé que sabía lo que era el trabajo espiritual. Ahora me doy cuenta que ni siquiera había empezado a entender”.
Muy a menudo disminuimos nuestro propio valor cuando nos decimos subconscientemente: “No estoy en ese nivel aún. Quizá dentro de un año, después de que haya realmente trabajado en mí y crecido, entonces mi trabajo será importante. ¿Pero ahora, qué puedo hacer que sea grandioso?”.
Este pensamiento proviene del lado negativo. Como nos muestra esta historia, cualquier persona, en cualquier momento, puede hacer las cosas más grandiosas, siempre y cuando se entregue completamente. Ahora mismo hay algo que cada uno de nosotros podría hacer, que sería más poderoso que cualquier cosa que llevara a cabo la persona más justa, contando con que pusiéramos todo nuestro esfuerzo en ello. Esta semana, saca esas dudas de tu mente y continúa entrenándote para pensar: “¡Puedo hacer algo grandioso ahora mismo!”.
Puesto: Junio 4, 2009 | Autor: Michael | Archivado como: Tristeza | 1 Comentario »
Pensamos que estamos tristes porque las cosas no salen como queremos. En verdad, las cosas no salen como queremos porque estamos tristes.